Una celebración de 25 años que se bebe, se cocina y se siente
Alipús cumple 25 años y llega a este momento como uno de los proyectos comunitarios más influyentes del mezcal artesanal en México. Lo que comenzó como una apuesta visionaria de Destilería Los Danzantes en comunidades remotas de Oaxaca —espacios donde la destilación se heredaba, pero donde también era vulnerable ante la migración, la presión económica y la industrialización— se convirtió con el tiempo en un modelo ejemplar de trabajo comunitario, respeto al territorio y sostenibilidad.
Desde el inicio, Alipús decidió algo simple y profundo: acompañar a las familias mezcaleras sin alterar sus procesos. Así se preservaron hornos de tierra, tinas de fermentación de madera, tahonas de piedra y alambiques de cobre o barro. Cada etiqueta representa una comunidad. Cada botella documenta un territorio. Cada lote cuenta un camino propio.

Hoy, siete palenques sostienen esta colección que refleja la diversidad sensorial del mezcal oaxaqueño: perfiles herbales, ahumados, minerales, dulces y complejos que nacen del tiempo, la paciencia y la conexión con la tierra.
Mucho antes de que la sostenibilidad fuera tendencia, Los Danzantes ya veía venir el riesgo para las variedades de agave silvestre. En colaboración con Chapingo, invirtieron años en investigación para aprender a propagar y cultivar especies nativas. El resultado: 60 hectáreas dedicadas exclusivamente a estas variedades, garantizando biodiversidad y continuidad para el mezcal tradicional.
Lo que nació en palenques familiares hoy está presente en 28 países, sin estandarizar sabores para “gustar más”. Cada etiqueta conserva su propia identidad. En esta nueva etapa, Alipús fortalece su presencia nacional e internacional de la mano de Casa Pedro Domecq, empresa referente en vinos y espirituosos.
La experiencia en Corazón de Maguey

Cuando el mezcal guía la mesa
Gourmetique estuvo en Corazón de Maguey para celebrar este aniversario, y desde el primer sorbo la experiencia se sintió especial. Aquí, el mezcal no acompaña: lidera. La barra funciona como un mapa sensorial donde cada mezcal de Alipús llega con personalidad propia —fresca, ahumada, profunda o luminosa— y la cocina sigue ese ritmo.
El menú está diseñado para crear un diálogo real entre plato y copa. Nada se siente improvisado; todo fluye.

Durante la cena, cada tiempo vino maridado con un mezcal distinto y un platillo que lo abrazaba sin miedo:
– un ceviche de maíz con esa frescura que despierta el paladar
– una brocheta de cerdo con mole amarillito que sabía a tradición pura
– un molote de plátano macho que jugaba con texturas
– una memelita recién hecha con ese toque casero que siempre reconforta
– un salbute de cochinita impecable
– y una tetela de barbacoa que cerró la parte salada como debía
Para el postre, llegó un nicuatole de mamey con rosita de cacao —uno de esos bocados que te detienen tantito el mundo y te recuerdan lo hermoso que es comer algo hecho desde la raíz.

Los cocteles contaron su propia historia: cada uno inspirado en comunidades oaxaqueñas distintas, honrando el trabajo de las familias que llevan generaciones cuidando el agave y preservando un oficio que se transmite con paciencia y cariño.
Ese tipo de trabajo no solo se prueba: se siente. Y cambia la manera en la que entiendes el mezcal.
Por qué Gourmetique cuenta estas historias
La gastronomía mexicana vibra en lugares como este: donde la comida, la bebida y la tradición se entrelazan para recordarte que estás frente a algo más grande que un plato o una copa.
Alipús celebra 25 años siendo fiel a su origen, y Corazón de Maguey le da un espacio vivo para compartirlo.
Para nosotros, estas experiencias existen para contarse… y para celebrarse.

